El combinado de Bosnia y Herzegovina se planta por primera vez en su corta historia -independiente desde 1992- en un Mundial, tras quedarse a las puertas de una gran cita en hasta dos ocasiones previas, e irán a disfrutar de Brasil y a jugar sus cartas, que no son otras que la letalidad del ariete Edin Dzeko y la magia del extremo Miralem Pjanic.

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