Una vez confirmado que Andreas Lubitz, el copiloto que voluntariamente estrelló el avión de Germanwings que volaba de Barcelona a Düsseldorf el pasado miércoles, padecía una enfermedad mental por la que estaba siendo tratado y que ocultó a la aerolínea, la cuestión sobre el control de la salud mental de la tripulación queda abierta.

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