Le invito a que reflexionemos juntos sobre el fraude fiscal y sus orígenes. Y lo primero que le propongo es que delimitemos el concepto de fraude, o mejor, las conductas que no lo son. Y creo que coincidiremos en que no son fraude las discrepancias interpretativas, la ausencia de ocultación y falsedad, la economía de opción y las conductas elusivas, conductas, muchas de ellas, reprobables ética y moralmente, pero cuya corrección requiere de una acertada política legislativa.

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